
TFG : Bastard
Este trabajo se centra en el álbum Bastard (2009) de Tyler, The Creator como punto de origen de su universo creativo. El proyecto propone la reinterpretación del álbum en formato físico y digital, trasladando su narrativa, estética y carga emocional a una experiencia tangible que incluye diseño gráfico, soporte musical y elementos de merchandising. A través de este proceso, el TFG explora la relación entre música, identidad visual y archivo, entendiendo Bastard no solo como un álbum, sino como el inicio de una identidad artística en formación.
¿Qué es Bastard?
Bastard es el punto de origen del universo creativo de Tyler, The Creator y uno de los trabajos más crudos de su carrera. Concebido cuando aún era un adolescente, el álbum nace como una forma de canalizar frustraciones personales, sentimientos de aislamiento y conflictos internos relacionados con su entorno familiar y social. Tyler utiliza la música como un espacio de desahogo, sin intención de agradar ni ajustarse a normas externas.
Narrativamente, Bastard introduce la figura de Dr. TC, un terapeuta ficticio que representa el diálogo interno de Tyler. A través de esta conversación imaginaria, el álbum aborda temas como la rabia, la incomprensión, la identidad y el rechazo. Más allá de la provocación explícita, el proyecto funciona como una exploración psicológica donde el alter ego permite separar al creador de sus pensamientos más oscuros.
Estéticamente, el álbum establece un lenguaje visual y sonoro que marcará sus primeros años: minimalismo, crudeza y una sensación de incomodidad deliberada. Bastard no busca ser accesible, sino honesto, sentando las bases conceptuales de toda su obra posterior.
Fases
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La fase de investigación constituye la base teórica y conceptual del proyecto. En esta etapa se analiza el contexto en el que surge Bastard (2009), atendiendo tanto a la situación personal de Tyler, The Creator en sus inicios como al entorno cultural y musical que rodea el lanzamiento del álbum. Se estudian las temáticas, la narrativa y la estética asociadas a esta primera etapa del artista, así como la importancia del álbum como punto de partida de su universo creativo.
Paralelamente, se realiza un análisis de referencias gráficas y formales relacionadas con el diseño musical, el packaging de discos y el merchandising asociado a proyectos musicales. Esta investigación permite comprender cómo otros artistas han trasladado su identidad sonora al ámbito visual y físico, sirviendo como apoyo para la toma de decisiones posteriores. El objetivo de esta fase es recopilar información relevante que justifique y sustente el desarrollo del proyecto desde un punto de vista académico y creativo.
A partir de la investigación realizada, se desarrolla la conceptualización del proyecto. En esta fase se define el enfoque principal del TFG, estableciendo qué aspectos de Bastard se quieren destacar y cómo se van a traducir a un formato físico y visual. Se trabaja la idea de archivo e identidad en formación, entendiendo el álbum como el origen de un lenguaje estético y narrativo que posteriormente evolucionará.
Durante esta etapa se toman decisiones clave relacionadas con el tono del proyecto, el lenguaje gráfico, la paleta cromática, la tipografía y los elementos visuales que acompañarán al CD y al merchandising. Además, se reflexiona sobre la experiencia del usuario y la relación entre el contenido musical y su soporte físico, buscando que el objeto final funcione como una extensión coherente del álbum. La conceptualización actúa como una guía que orienta todas las fases posteriores del diseño.
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La fase de diseño se centra en el desarrollo visual de las piezas que componen el proyecto. A partir del concepto definido previamente, se diseñan el CD, su packaging y los elementos de merchandising, cuidando la coherencia gráfica entre todas las piezas. En esta etapa se aplican los recursos visuales seleccionados, explorando composiciones, jerarquías visuales y soluciones gráficas que refuercen el discurso del proyecto.
El diseño no se plantea únicamente desde un punto de vista estético, sino también funcional. Se tienen en cuenta aspectos como la legibilidad, la experiencia del usuario y la relación entre el objeto físico y el contenido musical. Además, se realizan ajustes y revisiones continuas para mejorar la claridad y consistencia visual del conjunto, asegurando que el resultado final responda tanto a los objetivos conceptuales como a los técnicos.
La última fase del proyecto se centra en la preparación del diseño para su producción final. En esta etapa se adaptan las piezas a los requisitos técnicos necesarios para su impresión y fabricación, teniendo en cuenta formatos, materiales, acabados y viabilidad productiva. Se realiza un control exhaustivo de archivos para asegurar que el resultado final respete las decisiones de diseño y mantenga la calidad visual del proyecto.
Esta fase permite trasladar el trabajo conceptual y gráfico a un objeto físico real, cerrando el proceso del TFG con una propuesta tangible. Además, se valora el impacto del material impreso como parte de la experiencia del proyecto, entendiendo la producción no solo como un paso técnico, sino como la culminación del proceso creativo y conceptual.
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Estética +
identidad
La estética general del proyecto se construye a partir de la idea de conflicto interno presente en Bastard, entendido como un enfrentamiento constante entre dos fuerzas opuestas. Esta dualidad se traduce visualmente mediante el uso del color y la tipografía como elementos narrativos, donde el azul representa el control, la racionalidad y la parte más estable del discurso, mientras que el rojo simboliza la tensión, el impulso y el conflicto emocional. Ambos colores conviven dentro del sistema visual como reflejo de una identidad fragmentada y en proceso de construcción.
El tratamiento tipográfico refuerza esta lectura simbólica. Las tipografías de carácter más rígido, geométrico y sin ornamentos se utilizan en azul, funcionando como una voz estructurada y aparentemente estable. En contraste, las tipografías de trazo manual y script aparecen en rojo, actuando como una intervención sobre el sistema visual, casi como una marca añadida posteriormente. Este contraste genera la sensación de que el contenido ha sido alterado, corregido o incluso “manchado”, reforzando la idea de conflicto interno y de una identidad que no termina de asentarse.
A nivel gráfico, el proyecto adopta una estética cruda y deliberadamente imperfecta, basada en el uso del blanco y negro, texturas desgastadas y acabados puntillistas. Estas decisiones visuales remiten a un lenguaje gráfico propio de principios de los años 2000, caracterizado por una apariencia áspera, de baja pulcritud y fuerte contraste, muy vinculada a la cultura visual de esa época. El uso de imágenes tratadas, grano y desgaste genera una sensación de archivo intervenido, como si el material hubiese sido manipulado, reutilizado o marcado con el paso del tiempo.
En conjunto, la estética del proyecto no busca la limpieza ni la perfección formal, sino la coherencia conceptual. Cada decisión visual responde a la intención de representar Bastard como un punto de origen, un documento inestable y emocionalmente cargado. La identidad gráfica funciona así como una extensión del contenido del álbum, reforzando la idea de una obra nacida desde el conflicto, la contradicción y la necesidad de expresión.
La idea de traducir el álbum Bastard a un formato físico nace al investigar su contexto y darme cuenta de un detalle importante: desde su lanzamiento, el álbum nunca contó con una edición física oficial. Bastard fue pensado y distribuido como un proyecto digital, casi como un archivo personal, lo que encaja con su carácter crudo, experimental e íntimo. Sin embargo, esta falta de materialización física también deja al álbum en una especie de limbo, sin un objeto que lo represente más allá de lo sonoro.
Este proyecto nace, por tanto, como un ejercicio de reinterpretación y materialización tardía. No se trata de replicar un formato estándar, sino de construir una propuesta coherente que respete el contexto en el que el álbum fue creado y la identidad que transmite. El formato físico se plantea como un archivo que recoge no solo la música, sino también el estado mental, el conflicto interno y la narrativa fragmentada presentes en el álbum.
El paso del contenido sonoro al objeto físico permite dotar a Bastard de una presencia tangible que nunca tuvo, transformando una obra concebida para el entorno digital en una experiencia material. Esta traducción refuerza la idea de permanencia y memoria, otorgando al álbum una dimensión nueva sin alterar su esencia. El objeto final funciona así como una extensión natural del proyecto original, cerrando simbólicamente un vacío en la trayectoria del álbum y consolidándolo como una pieza completa dentro del imaginario de Tyler, The Creator.